martes, 21 de julio de 2009

Diario de lectura: "Las películas de mi vida de Alberto Fuguet

"Años después, en una clase de historia en el McArthur English School, me explicarón que Santiago fue fundada por el conquistador español Pedro de Valdivia, y pensé que tuve mucha suerte de haber vivido mis primeros años en un sitio colonizado por Frank Capra y James Stewart, y no por un grupo de españoles malolientes y resentidos que se escaparón de su tierra natal para ir a asesinar nativos y robarles su oro al otro lado del mundo" (1)

He leído muy poco a Alberto Fuguet, y de las pocas páginas que he consumido nada me ha gustado mucho, ese enfant terrible pasado al agua que es Matías Vicuña me aburrió sobremanera, ni que decir los cuentos de Sobredosis. A duras penas llegué al final de este último a pesar de su cortisima extensión. Tanto Mala Onda como su primer librillo de cuentos me parecierón obras mediocres que se conformaban con narrar la novedad, que hace rato dejo de serlo, de los excesos de los adolescentes y jovenes de clase alta. La prosa de Fuguet se ha desinflado conviertiendo lo que quizás en su momento fue un lenguaje altamente expresivo, de un tipo que adopto el castellano de manera putativa, como un disfraz, como una piel postiza; en un estilo períodistico, agotado por los referentes que tanto Fuguet como su generación adoptarón como sello distintivo (lo urbano v/s realismo mágico). Hace poco me aventure con Las películas de mi vida, animado por observar que relación establecia Fuguet entre las películas y lo narrado. Mi decepción fue mayúscula, porque aunque paresca increíble, porque la obra es altamente autobiografica lo que indica que uno espera encontrar experiencias altamente originales, sin embargo esta plagada de lugares comunes, lo que me lleva a preguntarme si en la vida existen las experiencias tópicas; es el primer beso, o el primer polvo una experiencia convertida en algo extraordinario por una maraña de convenciones sociales. Esta última idea tiene algo de peligro y de paranoia a partes iguales.

"Lo que vi después me impresionó aún más: Soylent Green se refería a las barritas nutritivas energéticas. La gente se alimenta de Soylent Red, Soylent Yellow y Soylent Green. Se supone que Soylent es una fusión entre lentejas y soya, pero al final Heston se entera de que Soylent se fábrica con los seres humanos que sobran, aquellos que son recogidos al azar por unos camiones basureros y llevados a depósitos gubernamentales dónde los cadáveres son procesados para convertirlos en alimento. [...] Yo no conocía Nueva York, pero el Santiago de 1974 se parecía al Manhattan decrépito del 2022" (2)

Las peliculas de mi vida se público el 2003 cuando su autor estaba ad portas de cumplir los fátidicos cuarenta años, motivo por el cual la obra se convierte en una suerte de revisión autobiográfica a través de un alter ego: Beltrán Soler, de la niñez, marcada por el exilio en California, la siempre dolorosa adolescencia y los pilares iniciaticos que lo convierten a uno en adulto. Como declarado admirador de Vargas Llosa, Fuguet se vale del marco discursivo de la monumental Conversación en la Catedral, en tal obra un joven , Zavalita, periodista que vive a salto de mata se encuentra con el antiguo chofer de su padre, el zambo Ambrosio se sientan a conversar en un bar llamado la Catedral recunstreyendo juntos los años del dictador Odría. En la novela de Fuguet, Beltrán Soler es un reconocido sismologo que se dirige a Tokyo, debe hacer escala en California, la tierra de su niñez. En el avión conoce a una joven profesional norteamericana, la que le despierta la nostalgia por aquellos tiempos de la infancia. Beltrán se queda más de lo presupuestado en California y aprovecha para escribirle un par de correos electronicos donde le habla de las películas de su vida (motivo que gatilla el título del libro, además de que Francois Truffaut tiene un libro con el mismo título), relacionando su afición al cine con su vida, a partir de capítulos ordenado de acuerdo a cada película. Por ende, la cita con la que abro la entrada es una declaración de principios, Fuguet al igual que una camada de autores vivió su niñez bajo la dictadura, por otra parte pertenecio a cierta élite chilena, que se identifica con los vencedores, sin embargo el núcleo de la obra es el desarraigo absoluto, Beltrán Soler se mueve entre California y Santiago, entre las tierras descubiertas por Capra y Valdivia, entre el inglés y el español. Este desarraigo, esta carencia de identificación convierte al cine en la geografía que le permite a Soler dar cuenta de sus huellas, de sus pasos en su camino de formación en su tránsito vital. ¿Pero que hay bajo las topografias de la imaginación? No hay otra cosa sino el peso de un país en dictadura, que majaderamente intenta constituir a la familia en el pilar fundamental: "No contar con alguien más que la familia termina por fisurar a la propia familia. Si uno ejerce toda la presión en una sola placa, ésta necesariamente va a ceder. No hay que ser un cientifico para saberlo. Eso fue lo que sucedió. La familia se se fisuró y la fractura terminó convirtiéndose en una falla." Esta es la segunda imagen dominante del texto, una imagen telúrica que caracteriza tanto a Santiago como a California, además el abuelo de Soler era sismologo, profesión que el mismo adopto, una imagen cuyo peso material contrasta con la aparente levedad del cine. Por otra parte que es el golpe de estado sino un terremoto, que es la adolescencia sino una cadena de sismos.

"La luz se apagó y, justo sobre los créditos de Abismo, vimos a Viviana Oporto volver a la sala y su polera seca se confundió con la polera mojada que se le pegaba a los inmensos y durísimos pezones de Jaqueline Bisset" (3)

Las películas estructuran y ordenan el texto, cada capítulo abre con una pequeña ficha del film que presenciaremos el capítulo. Lejos de ser un toque de dinámismo, este recurso osifica la obra, la convierte un monolito por dos motivos: el primero es que hay capítulos en que la presencia de la película es muy arbitraria, prácticamente obligatoria. En segundo lugar, para cualquier aficionado al cine la relación entre cine y experiencia se vuelve obvia, la relación entre lo visto y lo vivido es demasiado plana, relacionar el amor romántico con Melody de Waris Hussein, comparar el Manhattan futurista de Soylent Green (ver cita 2) con el Santiago gris de la dictadura es algo muy fácil, que tiene como consecuencia la clausura de las posibilidades expresivas de las imágenes, todo lo contrario ocurre con la imagen (demasiado) omnipresente del sismo. Fuguet subyuga la estructura de la obra y la experiencia del personaje al cine a través de un simplismo autocomplaciente, Beltrán Soler jamás confunde una escena o a un actor, su memoria cinefila es perfecta lo que termina por cosificar su experiencia, su transito vital su educación sentimanetal; Fuguet es víctima de sus propios referentes, no logra moldearlos, muy por el contrario estos lo superan convirtiendo una obra que alcanza una frescura y una vitalidad en ciertos pasajes, debido a la base autobiografica que posee, en una sarta de lugares comunes. Esto reciente mucho la obra, a tal punto que un momento clave pierde toda su fuerza expresiva, cuando el padre de Beltrán abandona a la familia, y este lo relaciona con Richard Dreyfus abandonando a su familia en (la insufrible) Encuentros cercanos del tercer tipo de Steven Spielberg (ver cita 4). Es triste admitirlo pero la obra de Fuguet es inconsciente de la cosificación que sufre, es inconsciente de ser presa de sus propios referentes, es un texto que termina momificado por la fuerza iconica del cine norteamericano. Los pezones de Jaqueline Bissete tras la Viviana Oporto (ver cita 3) no son otra cosa sino las señas de un erotismo deslavado, y moldeado por la cultura de masas.


"Una vez que los extraterrestres secuestran al niñito que cree que son juguetes, perdí las esperenzas de que apareciera de improviso. Al final Richard Dreyfuss se sube a la nave madre y abandona a sus hijos para irse al espacio exterior." (4)