domingo, 28 de marzo de 2010

"Sin nombre" de Cary Fukunaga: El abrazo roto

Ahora que todos los países de Ámerica Latina se aprestan a celebrar los doscientos años de independencia, vale la pena tener presente que lo único que ha caracterizado estos dos siglos de vida "autónoma" (mejor ni entrar en detalle con respecto a los casos de intervencionismo), es la imposibilidad de erradicar la violencia del continente, violencia heredada desde que Colón se bajo de su carabela y que encuentra manifestaciones contemporáneas por toda la región como: los horrores de Ciudad Juaréz en la frontera entre México y Estados Unidos, las maras de centroamérica, las guerrillas y los sicarios en colombia y un largo etc. Esto llega a tal punto que es a partir de la violencia que se instauran las políticas neoliberales en el continente, teniendo como puntapie inicial la dictadura presidida por Pinochet en esta larga, angosta y terremoteada faja de tierra. Por eso no es casual que desde sus manifestaciones más brutales hasta las más simbólicas, sea la violencia un motivo presente a priori en el cine latinoamericano; desde películas ya famosas como Ciudad de Dios (2002) de Fernando Meirelles, hasta obras maestras menos conocidas como La mujer sin cabeza (2008) de Lucrecia Martel, sin olvidar por supuesto, películas recientes como La teta asustada (2009) de Claudia Llosa. Sin nombre (2009) de Cary Fukunaga se destaca por dos elementos: su película habla de la inmigración y de las maras, por ambos motivos podría pasar a engrosar una lista sobre el cine latinoamericano contemporáneo, sin embargo su director, al igual que ocurre con Joshua Marston y María llena eres de gracia (2004), es estadounidense, eso si de madre sueca y padre japonés.

Al principio Sin nombre nos narra dos historias: la de Cásper y Smiley al interior de la mara salvatrucha en Chiapas - México y la de Sayra en Honduras. En la primera asistimos a la incersión de Smiley en la mara y todo lo que eso connota, partiendo por una brutal golpiza de doce segundos que se le propina a todos los recién llegados. Y al conflicto de Casper que esta enamorado y sostiene un romance con una chica que vive hacía el centro y no tiene nada que ver con los mareros, por lo que roba tiempo de sus obligaciones con la banda para dedicarselo a ella. En el segundo arco argumental vemos como el ausente padre de Sayra retorna a Honduras tras ser deportado de Estados Unidos, y quiere emprender un viaje a través del Salvador y México para entrar de manera ilegal a Nueva Jersey. El film nos expone la marginalidad total de los personajes sin caer en excesos, basto un plano general de Sayra escuchando a su padre quien quiere llevarsela para darle un mejor futuro,para ver de fondo las miserables casitas de un suburbio hondureño. Quizás al principio la historia de Casper y Smiley desequilibran el conjunto del metraje, dado el salvajismo y la brutalidad de las maras, pero después todo retorna a su cause cuando la historia se entronca a partir del viaje en el techo de un tren de carga que atraviesa méxico de sur a norte, punto en el que se encuentran Casper y Sayra, el primero huyendo de una venganza consumada y una condena en vías de ejecución, mientras que la segunda viaja por la voluntad de su padre con quien no tiene muy buenas relaciones. El viaje es por una ruta marginal, y bajo las peores condiciones, siempe con miedo por ser descubiertos por la policia de inmigración o por ser asaltados por cualquier banda. Todos son personajes que se mueven como fantasmas, porque no existen para un estado legal, no hay ni una autoridad o tipo orden en el film, todo esta regido por la fuerza y la violencia, todo esta reducido a una gama de instintos primarios.

La película posee varios méritos cinematograficos, Cary Fukunaga director de cine con estudios académicos en Nueva York se acerca a una realidad que absolutamente desconocida para él con la máxima naturalidad posible, respetando incluso el uso de dialectos, nada de hablar un castellano neutro para que esto se entienda desde Ciudad de méxico hasta Barcelona. En segundo lugar no cae en tremendismos ni exageraciones al exponernos la brutalidad de la realidad que nos expone, de hecho la dirección de fotografia es increíblemente sobria y equilibrada sin exagerar ni mesurar nada, mostrandonos una paleta de colores que refuerza la sensación de naturalismo que envuelve los escenarios. Los personajes no son arquetipos, sino que se mueven y reaccionan de acuerdo a un conjunto de valores y normas asociadas a su cultura y emociones. Un claro ejemplo de esto ocurre con los mareros, de hecho Fukunaga nos expone a la Salvatrucha cámara al hombre como si un documental se tratara, sin emitir juicios de valor con respecto al colectivo sino que poniendo sobre la mesa los claroscuros de la banda, vemos lo salvaje que pueden ser sus rituales y costumbres, así como vemos la camarderia y los vínculos emocionales que estos desarrollan como si fueran una familia. Y aquí llego a lo más notable, porque Fukunaga centra su película en un solo tema, frente la desmesura y pesades de la realidad que nos expone, centra su cámara en un sólo punto desde el cual se despliegan todos los personajes y adquieren sentido las acciones: las relaciones filiales. Sin nombre es una película sobre la necesidad de arraigo de personajes que se mueven en otro mundo, pero de un arraigo emocional, la idea de nación no existe en esta película salvo como una forma de coherción, todos los personajes buscan establecer relaciones filiales, ya sea a través de la mara como una familia que niega cualquier otro princio de unidad o de la unión a partir de la búsqueda de un sueño en común, que rara vez no términa por torcerse.