Sin duda, el terror es un género sublime e incomprendido, al menos, así lo pienso yo. Género que usualmente, a costa de su quintaesencia, ha sido transformado en un salvavidas para la industria norteamericana; desponjándole de su mirada crítica y creativa. Por suerte, hay sujetos que reconocen y asumen la gran riqueza de este género, como lo son: Sam Raimi (Evil Dead, Spiderman) y Lars Von Trier (Dogville, Breaking the wave, entre otras), o eso, al menos espero. Raimi vuelve al terror con Drag me to hell (Arrástrame al infierno), película que trata, al parecer, sobre una joven ejecutiva que al intentar impresionar a su jefe, le niega a una "indefensa" anciana la ampliación de su plazo de pago de su hipóteca, ésta, furiosa, maldice a la joven que, a partir de ese momento, comienza a vivir sucesos anómalos. Se espera que esta película sea estrenada el 25 de Mayo en Estados Unidos y el 31 de Julio en España, ¿Cuándo se estrenará en Chile? Ni puta idea. Por otro lado, Lars Von Trier por primera vez se adentra en el género del terror con The Antichrist, película que presenta como máxima narrativa, según como se lee, a "una pareja que se refugia en una cabaña dentro de un bosque para que la mujer supere una neurosis y la ansiedad que sufre desde la muerte de su hijo de tres años. Su marido, un psicólogo experimentado que parece sufrir menos esta pérdida, confía en que la soledad del retiro ayude a su mujer" (www.septimovicio.com). Este próximo estreno tiene como protagonista al maravilloso Willem Dafoe.
David Lasky firma un cómic sobre la gripe, hecho en colaboración con los servicios publicos de salud de Seattle y King County, puede descargarse gratis en varios idiomas, a través de Entrecomics puede bajarse facilmente en castellano
Hace poco leia en un artículo aparecido en La Tercera, sobre las futuras novelas gráficas a publicar por ediciones Mythica, la opinión del Roberto Ampuero (fichado por Mythica) acerca del cómic que según el era más demócratico que la literatura porque al fin y al cabo no es una obra de una sola persona. La idea no es comentar la visión de la democracia según Ampuero (si es que existe algo así) ,sino como al inefable escritor al parecer lo que más le llama la atención del mundo del cómic es lo concerniente al trabajo en equipo. Y es que en industrias de la magnitud de la gringa la cantidad de manos que se mueven en torno a una obra comercial son bastantes: un guionista, un dibujante, a veces antes del dibujante hay alguien que hace un boceto, un entintador, un colorista, un editor endemoniado que cambia lo que quiere, etc. Por eso que nadie se sorprenda si en alguna entrevista o comentario por ahí lee que a cierto autor le gusta tal obra porque aprecia los trazos de Neal Adams y que no es lo mismo que a Neal Adams lo entinte fulano, o sutano, o que el mismisimo Neal Adams se auto - entinte. O que cierto autor se banco tantos números de Superman solo para admirar el entintado de Dick Giordano, en el cómic pasa algo parecido a lo que ocurre en el cine; entre tantas manos metidas en una obra no ha de extrañar que un par haga escuela. Por el contrario hay tandems comiqueros brillantes como Moore-Gibbons, Miller-Mazzuchelli o Jodorowsky Moebius, donde la simbiosis de ideas y creatividad es de tal calidad que nos sabes y es imposible discernir que se le ocurrió a cada uno. El ejemplo contrario de esto último ( y es aquí donde quería llegar) es cuando hay un desnivel absoluto en cada parte, Blacksad es ejemplo inmejorable de ello. Blacksad es un cómic de serie negra, o sea asistimos a las peripecias de un detective por resolver ciertos casos, un detective clásico y arquetipico o sea, un tipo cínico, duro y rudo,que se enamora de mujeres despanpanantes tipo Rita Hayworth, todo enmarcado en una época que remite a los años cincuenta. Pero la gran diferencia es que el detective John Blacksad es un gato negro, así es la gran particularidad de la serie Blacksad es que se vale de figuras antropomorfas, animales que representan a seres humanos. Retomando el tema de la división del trabajo nos encontramos con que el español Juan Díaz Canales se hace cargo de los guiones y Juanjo Guarnido del arte en su totalidad, o sea que eso que a veces en estados unidos lo hacen varias personas Guarnido lo hace solito. Hasta la fecha solo existen tres tomos autoconclusivos de Blacksad: Un lugar entre las sombras, donde John Blacksad se lanza en busca de venganza porque han matado a un viejo amor; Natalia Wilford. Artic Nation donde vemos a Blacksad en una ciudad fuera de la urbe, donde debe encontrar a una pequeña niña que ha sido secuestrada, racismo, fundamentalismo y una suerte de Ku-klux-Klan se cruzan en su camino. Y así llegamos a AlmaRoja, en plena guerra fría y persecusión comunista en estados unidos, Blacksad se encuentra con un viejo amigo que forma parte de un grupo izquierdista financiado por acaudalado comunista, la acción comienza cuando los miembros del grupo comienzan a ser asesinados, amén de guerra fría, juegos núcleares y conspiraciones de la URSS. Cualquier persona que guste del género policial ya sea a través del cine , la literatura o el cómic, se habra dado cuenta con las pocas líneas dedicadas a cada tomo que la cosa es clásica a más no poder. Y es ahí donde esta el problema de Blacksad porque Díaz Canales no se ha salido ni un poquito del arquetipo, el respeto a las reglas básicas, reutilizadas y relamidas del género negro es reverencial perjudicando totalmente la serie. Los personajes son planos y las tramas y motivaciones son absolutamente predecibles para cualquiera que haya visto o leido una que otra obra del mismo género, ya no digamos un amante de este. Muy por el contrario,absolutamente en la otra vereda esta el arte de Juanjo Guarnido y sus figuras antropomorficas que son absolutamente soberbias en cuanto a sus expresiones, sus movimientos, sus rasgos fisiologicos, parece que en cualquier momento se salen de las páginas. En este sentido es notable como es capaz de delinear caracteres, saltandose el irrelevante guión, con gestos y movimientos, expresiones de dolor, de placer, de furia y de tristeza se ven con más fuerza y se aprecian con más claridad en estos rostros de animales, que en muchas otras obras protagonizadas por seres humanos. Además esta el apartado técnico donde Guarnido también es soberbio, el uso de planos y contraplanos, angulos cenitales traidos del cine negro clásico, además del uso de la iluminación y las sombras hacen que el solo acto de hojear los tomos sin leerlos, solo apreciar la cadencia y ritmo de las viñetas le habra un espacio a Blacksad en cualquier biblioteca. Todo esto se ve intensificado por el uso de acuarelas para colorear las páginas, lo que hace que resalten con más claridad los tonos usados con bastante coherencia de acuerdo a cada momento de la obra, así cualquier escena aunque sea de tensión puede ser correctamente apreciada por la limpieza y claridad de los colores. Backsad es una obra absolutamente desigual, pero en aquellos puntos donde el trabajo es de buen nivel Guarnido toca el cielo y solo por su arte John Blacksad pasara a la posteridad en el mundo de la historieta.
La nueva película de Darren Aronofsky viene precedida de haber obtenido buenos resultados en varios festivales, e incluso haber conseguido una que otra nominación a los premios oscar, algo que, si pensamos en los anteriores films del director no se si sea un mérito, muy por el contrario es un indicador. ¿Qué indica?, que Aronofsky le bajo la espuma al postre y no veremos la complejidad expuesta en sus anteriores trabajos. Algo que es solo en apariencia, porque a pesar de que todos reparen en cuestiones parodicas (Rourke haciendo de Rourke), a pesar de que formalmente paresca una obra más convencional (sin las peripecias de montaje de Requiem for a dream) El luchador no significa ningún desliz al interior de la poética de Aronofsky, por el contrario en ella están revisitados todos los aspectos que hacen que sus anteriores trabajos sean notables. ¿De qué va El luchador? pues va de un tipo que se dedica en cuerpo y alma a la lucha libre, Randy The RAM Robinson (Mickey Rourke) que vivio su apogeo absoluto hacía fines de los ochenta, llegando a protagonizar un legendario combate contra el Ayatola, que los fánaticos no pueden olvidar. A tanto llego la fama de Randy que fabricarón figuras de acción a escala sobre su persona e incluso apareció en un juego de Nintendo. Pero los ochenta se esfumarón y la fama quedo atrás, sin embargo Randy sigue dando lo suyo en circuitos semiprofesionales, eso si su cuerpo ya no es lo que era y a lo largo del film observamos como esta lleno de cicatrices y deformaciones, pero Randy sigue peleando ayudando por una que otra sustancia. Así es como asistimos a la vida cotidiana de The Ram, a las dimensiones que componen su vida como si de un documental se tratara, sensación potenciada porque es seguido camara al hombro. Sin embargo el motivo verdadero, la acción que da sentido al film comienza cuando The Ram protagoniza una pelea estilo Hardcore (esas donde se dan con mesas, sillas, alambres de púas entre otros objetos contundentes y/o cortopunzantes) y nuestro protagonista sufre un infarto, que lo obliga a vislumbrar la posibilidad del retiro. Me atrevo a aventurar que uno de los temas dominantes al interior de las peliculas de Aronofsky es el cuestionamiento de la realidad (por lo que el susodicho director se convierte a nuestros ojos en un posible ferviente lector de Grant Morrison y Phillip K. Dick), los personajes de sus obras son exploradores que se mueven en los límites de ella; el cientifico, en PI, que busca la formula que unifica el orden del universo y la bolsa de valores (un orgasnimo creado por el hombre, que tiene a más de alguno tiritando en estos tiempos). El grupo de colgados que prefiere vivir el extasis de las drogas duras antes que llevar una vida común y corriente, Requiem por un sueño es la historia de un viaje que culmina con la degeneración total de quienes se desplazan. Y en La fuente, Aronofsky parece discutir consigo mismo, en este film al científico interpretado por Hugh Jackman no le queda más que tratar de recuperar lo que le quito la muerte a través de una ficción. En El luchador la ruptura entre realidad y ficción va a estar en el centro de la acción, como ya había dicho, el centro del film comienza cuando Randy The Ram Robinson debe retirarse porque su cuerpo ya no resiste vivir como luchador, y es aquí donde comienza el periplo para adaptarse y retomar una vida normal. Intenta conquistar a una striper (Marisa Tomei) que ya dejó el esplendor de la vida atrás, además de intentar reencontrarse con su hija (Evan Rachel Wood). Y para matizar este cambio el manejo de cámara es importante, cuando seguimos a The Ram parece un documental, camara al hombro vamos detrás de él y observamos el funcionamiento del mundo de la lucha libre, como todos son amigos y cada pelea es preparada y discutida, además cuando se sube al ring la pelea es vista de el interior por lo que el espectador aprecia como incluso en el fragor de la batalla hay espacio para la diplomacia, así es nomás el cuadrilatero tiene más de teatro que de coliseo romano. Sin embargo en el luchador se explícita otro de los rasgos que ya estaban presentes en las otras películas del director, y es que ese transitar en los límites de la realidad , tiene un costo físico y si miras mucho al abismo tu cuerpo termina lacerado, algo que Aronofsky expone con bastante detalle sobretodo en la pelea Hardcore sin caer en excesos. Ahora bien cuando Randy comienza a rehacer su vida la cámara se aleja y el trazado de los planos es distinto, como si el universo de Randy se abriera, es el hombre bajo la máscara. ¿Podrá Randy The Ram Robinson alejarse del cuadrilatero y rehacer su vida? o morirá como un guerrero, solo el visionado de la peli respondera la gran incognita.
Si por alguna cuestión extraña, quizás imaginada, se crearan dos androides-humanoides gigantes que se deben enfrentar, cada uno, respectivamente, representante de Occidente y Oriente, y siguiendo con lo imaginado (o extraño) aún más, que estos dos gigantocontrincantes tengan como fuente de su poder, por una más inexplicable razón, la calidad de animación que se lleva a cabo en cada región, sin duda alguna, Occidente pierde por gaüraca. Y es que, salvo por algunos casos muy específicos, la animación por estos lares del globo queda en deuda si hacemos el parangón con la animación de Oriente, donde el paradigma a tener en cuenta es, sin objeciones, los estudios Ghibli. Y esta diferencia no sólo radica en el artesanado: la calidad de imagen, de colores, de ambientes, sino, a su vez, en las historias que cuentan; con temáticas contingentes, críticas, subversivas, maduras y… brutales. Puede que suene extraño referirse a una animación pensada para todo publico, como son las de los estudios Ghibli, con el adjetivo brutal, pero es que no puedo registrar otro; la brutalidad de reconocer las contracciones del mundo y el sujeto, reconocer la mierda del mundo y reconocerte lleno de ésta, es brutal. Pero, además, si dentro de este proceso cognitivo se abren puertas de esperanza ¡qué diablos! El asunto es desconcertante. Desconcierto, sin vacilación, es lo que provoca, después de algunas lagrimas vertidas, la película El verano de Coo, que, ojo, no pertenece a la factoría Ghibli. No sólo de los estudios Ghibli puede vivir el hombre.
Y así es, El verano de Coo o Kappa no Coo to Natsuyasumi (2007), es producto del director Keiichi Hara (encargado de dirigir cinco películas del manga y serie de animación Shin-Chan y, guionista de otras dos más) y los estudios de animación Shinei, ganadora y nominada en algunos festivales de cine del Japón como mejor película de animación 2008. Con una calidad de animación deslumbrante; cada plano lleno de colorido y detalles (las imágenes del agua fluyendo son casi reales, dando unas ganas tremendas de zambullirse), es imposible no pensar o relacionar la película con algún producto de los estudios Ghibli. Junto con la gran maestría en la animación, El verano de Coo nos adentra en la historia de un pequeño Kappa que, al comienzo de la película, ve como su padre es asesinado, cortado por la espada sórdida de un samurai terrateniente (la escena no está exenta de sangre y violencia), luego éste intenta asesinar al niño Kappa, pero justo en ese momento, se desata un terremoto, devorando al Kappa que no despertará hasta trecientos años después, en el Japón moderno. El encuentro del samurai y el Kappa, al inicio de la película, patenta un conflicto entre dos mundos: el mundo calculador, capitalista, ése que transforma la tierra y la naturaleza en una suma exacta de ganancias, y el mundo fantástico, aquél que guarda un espacio mítico, natural, de sobrevivencia. Como es de esperar, el mundo calculador, capital, desenfunda la espada al verse frente a la presencia del mundo fantástico, mítico, natural, ya que éste, sin saberlo, pone en crisis al primero.
El conflicto entre el mundo calculador, moderno y, lo que anteriormente llamé mundo fantástico, tiene relación con la existencia de anomalías, extrañamientos. El mundo fantástico es precisamente eso, un hacer extraño el mundo donde “habitamos”, invertir las reglas, la moral, la ética, que nos rigen. El verano de Coo articula todo esto: luego de ser rescatado, gracias al azar (magia), de su aletargamiento, el pequeño Kappa despierta dentro de lo que podríamos llamar una normal familia japonesa moderna: un padre ausente por el trabajo, una madre dueña de casa, un adolescente enamorado, conteniendo sus sentimiento por miedo a la vergüenza y una pequeña niña malcriada, todos, al parecer, con buenos sentimientos. Es en este contexto, donde la pequeña criatura fantástica renace. Como es lógico, al comienzo hay reticencias; el pequeño Kappa tiene como última imagen al samurai asesino de su padre y la familia humana descubre que los Kappas de verdad existen y que además hablan, pero pronto estos leves conflictos son superados, estableciéndose un fuerte vínculo entre el Kappa y Koichi Uehara (el adolescente-niño de la familia). Mientras comienzan a conocerse, el pequeño Kappa olvida su nombre, siendo llamado Coo por Koichi, así es como la película nos va adentrando en la vida de éstos.
A partir de este punto (el ingreso de Coo a la familia Uehara y a la modernidad), el extrañamiento, personificado en Coo es múltiple: por un lado es un ser fantástico, al parecer el único que queda de su especie, vivió en la época Edo, sin saber nada de lo que sucedió entre ese período de tiempo y el actual y, por último, es un sujeto que, profundamente, no tiene un lugar donde habitar: los humanos y la (post)modernidad (y lo que pueda seguir), han consumido todo espacio natural. La casa de la familia Uehara y el bolso de Koichi son los únicos espacios en donde puede habitar Coo, obviamente esta situación termina por aburrir al pequeño, y éste decide buscar algún pariente (que no es más que la búsqueda de un lugar donde vivir). Como era de esperar, al poco vivir de Coo con los Uehara, los rumores de un Kappa habitando con ellos se expanden, hasta que, en un acto violento de dos periodistas, se descubre la existencia de éste. La espada del poder sigue persiguiendo al ser fantástico, si antes era un samurai, ahora son los medios, con sus espadas afiladas, que poco a poco, van desgarrando a Coo, mientras la familia Uehara sufre y disfruta con esta situación. Las buenas intenciones de una familia, prontamente se revelan agresivas contra el Kappa, éste es expuesto al filo de los medios de comunicación y, más aún, el amor que siente esta familia por Coo se transforma en una suerte de posesión.
Sin espacio donde habitar (la modernidad y el ser humano está en todos lados), expuesto a la espada de los medios y objetualizado por la familia Uehara, Coo comienza a vivir un proceso cognitivo brutal, potenciado por la muerte de Ossan; el perro de la familia y gran amigo de Coo que, al igual que éste, tiene un pasado traumático en su relación con los humanos. La tentación del suicidio se vuelve patente, pero ahí donde ya no quedan esperanzas, es donde el elemento fantástico vuelve a hacer su aparición, en la figura de un dragón: Coo debe vivir, como sujeto extraño debe vivir, ya que sin éste otros mundos son imposibles, la posibilidad de cambio y aprendisaje es imposible. Y así, luego de todo este proceso: violento, brutal, agresivo, es que la familia Uehara y, sobretodo, Koichi, toman cuenta del verdadero sentido del amor: apostar por la liberta y felicidad del otro.
No puede ver amor sin sujetos fantásticos, sin sujetos extraños, éstos son los que hacen temblar al poder, poder que se esfuerza por desterrarlos, por destruir sus hogares, para que así no puedan existir. Pero no hay que preocuparse, espacios míticos, fantásticos, para estos sujetos extraños sí son posibles, sólo deben ser soñados narrados, vividos. No necesariamente un ser fantástico es un Kappa, creo que la película apuesta por otros seres fantásticos, como un perro: Ossan, o quizás, la enamorada de Koichi: Kikuchi Sayoko, esta última es de esos personajes mínimos pero esenciales, que contienen la apuesta de la película entera.
Pepo Pérez es dueño del blog es muy de comic y tras un efusivo debate acerca de Gran Torino de Clint Eastwood se ha lanzado a revisar en imágenes lo héroes y mitos fundacionales más llamativos del mundo del comic. Este post no es mio solo los invito a entrar en la discusión , en el blog de Pepo, acerca de los mitos que han de darle sentido a esta nueva era que ya no es moderna ni posmoderna. Un par de citas de Pepo y una recopilación del mestro Alan Moore.
"En realidad el héroe nos ha interesado siempre. Pero actualmente parece haber una necesidad imperiosa de reconstruir valores previamente deconstruidos por nosotros mismos, de recuperar asideros simbólicos que podamos compartir para refundar el orden simbólico común. Mitos, en otras palabras. Asideros que nos hemos cargado a base de ironía, crítica, deconstrucción posmoderna y más crítica posmoderna. Yo al menos veo en todas partes una necesidad de reconstruir el mito heroico, especialmente desde el mazazo, literal y simbólico, que supuso para Occidente el 11-S. Y sus "secuelas" y consecuencias, por supuesto, esto no podemos olvidarlo, tanto bélicas/terroristas como económicas. Consecuencias que han supuesto un nuevo "final de la fiesta".
"Ni siquiera estamos ya en el mundo de la posmodernidad sino más allá de él, o eso me parece a mí. Por eso tenemos necesidad de contar mitos que podamos creernos nosotros, personas de 2009, mitos que nos inspiren cambios positivos y sirvan para reconstruir un nuevo espacio simbólico común, adecuado a nuestra sensibilidad actual. La del mundo de la globalización y la sociedad del espectáculo, terrorismo fundamentalista/guerras preventivas, crisis ambiental, especulación financiera y secuestro económico de la democracia, terrorismo capitalista y recesión mundial."
-Pepo-
"La realidad es una experiencia tremendamente ficcional. No creo que tengamos opción de elegir si vivimos o no en una ficción, la opción es en la ficción de quién queremos vivir. Hay gobiernos por todo el mundo que tratan de convencernos de vivir en sus ficciones. El gran acto mágico es decidir si vas a vivir en tu propia ficción, si vas a encargarte de escribirte una mejor historia".
"Hemos creado fantasías y luego hemos luchado por hacerlas realidad. Todo lo que se halla a vuestro alrededor ahora mismo tuvo su origen en la mente de alguien. Al crear dioses, diosas, héroes y heroínas, intentábamos ser como ellos, extender nuestras personalidades a través de la imaginación pura".
«Cambiar un mundo es tan fácil como cambiar tu mente. Solo que la materia es más viscosa que la imaginación, así que lleva más tiempo»
"Las ideas sirven para cambiar el mundo. Es para lo único para lo que sirven".
De todo lo que ha salido del ingenio de Jodorowsky lo que más se conoce en este país son sus libros de pseudo-autoayuda-mística , o en palabras del mismo Jodo: de psícomagia. En segundo lugar colocaría su producción cinematografica, que mientras sus libros son bestsellers en el metro, sus películas hacen lo suyo en las ferias artesanales (teniendo en cuenta como distribuyo sus filmes hasta hace unos pocos años, no le debería importar mucho). Relegada a un injusto tercer lugar queda su producción en el noveno arte, y es que en este país la división del trabajo se aplica con rigor a la lectura, y son pocos los valientes que abren libros y comics por igual, ya ni hablar de los que además se aventuran con el buen cine, si con un libro a año basta y sobra. En fin,como bien lo sabrán los sacrificados lectores de su producción comiquera, no así los aspirantes a "brujo", Alejandro Jodorowsky lleva más de veinte años trabajando con varios de los más grandes talentos del cómic europeo como Moebius, con quién a finales de los ochenta se despacho ese clásico que es El Incal, con Juan Giménez en La Casta de los Metabarones además del eroticon de Milo Manara en Los Borgia, sólo por nombrar unos cuantos. Bouncer es el título del western que ahora les comento, en el que Jodo colabora con el fránces Francois Boucq, con quién ya había trabajado en Cara de Luna.
Bouncer es el nombre de un hábil pistolero manco, y de tenebroso pasado, que trabaja como guardián del saloon Infierno, regentado por Lord Diablo, en la ciudad de Barro City. Desde su butaca en lo alto del saloon y siempre bien armado es el lugar desde donde se iniciarán sus aventuras. Por estas tierras es posible encontrar los primeros cinco vólumenes (en España acaba de salir el sexto), que contienen los primeros dos arcos argumentales. En los primeros dos volumenes (Un diamante para el más allá y La piedad de los verdugos), asistimos al proceso de formación y ejecución de una venganza en manos del sobrino de Bouncer: Seth, quién debe hacer justicia por sus padres asesinados a manos de Ralton, argumento a partir del cual se narra la sórdida historia familiar de Bouncer y sus dos hermanos, todos hijos de una empeñosa, ruda y ambiciosa prostituta llamada Lola. En el segundo arco (compuesto por los vólumenes La justicia de las serpientes, La venganza del manco y La presa de los lobos) Bouncer es elegido al azar, como el nuevo verdugo de Barro City y es obligo tras varias intrigas, cortesía de Clark Cooper el casique local, a ejecutar a dos amigos, para después lanzarse a la búsqueda de lso culpables tanto para ajusticiarlos como para silenciar su conciencia.
Llena de tramas, subtramas, elementos psícoanaliticos que enriquecen la lectura, además de personajes de todo tipo, la obra consigue delinear un imaginario propio, sin dejar de lado ningún elemento clave del género, que viera su esplendor a mediados del siglo veinte en el cine. Así nos encontramos con la violencia y sórdidez de un Peckinpah, con la inventiva y la esteticidad de Sergio Leone, y lo que es aún más importante, con la capacidad de John Ford para delinear un mundo con sus propias reglas donde el destino y el azar bailan la danza de la muerte y la palabra justicia, le pertenece al mejor postor. Todos estos elementos trabajados con mucha contención, paciencia y ritmo por Jodorowsky a través del guión, que va liberando un sexo masoquista y un místicismo que convive con la muerte, en la dosis justa y precisas. Por otra parte el trabajo de Boucq que dibuja, entinta y colorea es de un nivel muy alto, que se vuelve soberbio con el correr de las páginas, usando un trazo de líneas claras y matizando las tintas y los colores de acuerdo a las nececidades de la narración, imprimiendole ritmo a esta. El trabajo de Boucq es imponente en las viñetas de mayor amplitud donde nos expone los paisajes del viejo y salvaje oeste en todo su esplendor, ya sea a partir de una extensa cabalgata a campo traviesa, o de una persecución a una diligencia. Me atrevo a decir que en los primeros cinco tomos existe una unidad, en la médida en que la lectura de estos se ve coronada con la visión de un mundo concreto con sus propias reglas, un mundo carente de religión pero no de mística, al que tenemos acceso paulatinamente desde el primer tomo. En síntesis, una obra de alto nivel y grueso calibre, que da cuenta del inmenso talento e sus creadores.
PD: Los cinco primeros tomo pueden conseguirse sin problemas en la biblioteca de Santiago o adquirir en en algunas comiquerias. PD2:Las páginas subidas estpan en francés, que es el idioma original de la obra, porque son las que encontre con mejor definición en comics en extinción.
Sin duda, REC es una de las grandes películas de terror en los últimos años, un brillante trabajo de Jaume Balageró y Paco Plazo. Ahora bien, al parecer, para los fanáticos de esta película, los pocos extras que aparecen en el DVD dejan con gusto a poco. Por tanto, para todos los interesados y fans, Plaza comenzó a subir los Making Of de REC a Youtube. Según como nos cuenta Plaza, las grabaciones subidas estaban pensadas para conformar un disco extra, cosa que lamentablemente, vaya uno a saber por qué, no sucedió. De todas formas aquí van los Making Of inéditos de REC:
Al inicio de El hombre que mató a Liberty Valance (The Man Who Shot Liberty Valance, 1962), el más crepuscular de los westerns crepusculares de John Ford, vemos como el senador RanseStoddard (James Stewart) llegá a localidad de Shinbone, con su esposa Hallie (Vera Miles)porque Tom Doniphon (John Wayne), un antiguo amigo ha muerto. Presenciamos la tristeza de ambos cuando abren el ataúd y observan su cadáver (que nosotros espectadores no vemos), después Stoddard es interrogado por un periodista acerca del motivo de su visita, y este comienza a narrar su juventud, cuando recién se había títulado de abogado, y llega a Shinbone siguiendo el consejo de un tío: ve al oeste en busca de aventuras y honor. En el caminosu diligencia es atacada por el temiblre Liberty Valance (Lee Marvin) y su banda, Stoddard se resiste al robo y es cruelmente azotado por el matón. Será Tom Doniphon, el único que hace frente al salvajismo se Valance, quien recoja al maltrecho y joven abogado, él que una vez instalado en el pueblo se empeña por inyectarle civilización al lugar, ya sea enseñandole a sus habitantes a leer o la historia de los Estados Unidos, incluso intentando arrestar (ejerciendo un poder legal) a Liberty Valance. En solo dos horas John Ford filma una película que bien podría ser una obra claramente fundacional porque el centro de la obra es el fin de una época, donde el salvaje oeste es absorbido por el proceso en que un país se convierte en nación: la pluma de Ranse Stoddard se impone por sobre las armas de un Tom Doniphon o un Liberty Valance. El tono meláncolico dota al film de una ambiguedad que hace rídiculo pensar que este sea un canto a favor del estado, de la formación de la república. Muy por el contrario lo que importa es como Ford expone una anatomía del heroísmo; porque ahí esta ese desenlace, injusto y poético, donde creemos que Ranse Stoddard es quién mata a Liberty Valance y términa con la barbarie reinante, con la ley del más fuerte. Y es en los últimos minutos del metraje cuando John Wayne esta demacrado y alcoholizado, porque su mundo ya no existe y más encima Stoddard se quedo con la mujer de su vida, donde nos enteramos que fue Doniphon - Wayne quién perpetró el asesinato de Liberty Valance, sin embargo es Stoddard el fundador y triunfador mientras Doniphon que disparó desde las sombras termina también en las sombras de la historia y la posteridad (Christopher Nolan comprendió esto a la perfección en The Dark Knight). Claramente la imagen del principio, Stewart mirando el feretro donde esta John Wayne es profética; para el argumento y para el western como género porque si bien le quedaría bastante tiempo por delante y vendrían nombres como Sergio Leone y Sam Peckinpahhasta la magistral Sin Perdón (Unforgiven, 1992) de Clint Eastwood , John Ford es quién pone la lápida. Y de que otra forma sino enterrando a un ícono como John Wayne. Gran Torino (2007) de Clint Eastwood, al igual que la cinta de Ford, inicia y termina con una imagen funeraria. Al principio es la esposa de uno de los protagonistas; Walt Kowalski (interpretado por Eastwood).Y al final es el mismo Kowalski, en una imagen tan íconica y significativa como Wayne al interior de un ataúd (a pesar de que no lo veamos), pero vayamos por parte. En primer lugar Eastwood dirige Gran Torino sobre la base estética de un John Ford(director cuyo apellido aparece reiteradas veces en el film, a través de cierta marca automotriz)o un Don Siegel: en unaspocas cuadras de un pequeño barrio plagado de inmigrantes se delinea un fresco social complejo, donde jovenes latinos o asiaticos no tienen más norte que pertenecer a una pandilla. En medio de esta torre de Babel unificada por el inglés, que no todos hablan, vive el viejo, gruñon, racista y solitario Walt Kowalski: veterano de la guerra contra Corea, al que le importa un carajo confesarce con el joven cura local, que observa imperterrito como hasta su doctor de cabeceraes reemplazado por una mujer de ojos rasgados, lo que claramente hace surgir los traumas del pasado.En paralelo a las peripecias de Kowalski vemos a su vecino el joven hmong llamado Thao, que se debate entre su falta de identidad y personalidad, por lo que es tratado como un inferior al interior de su familia, donde sólo hay mujeres, y las presiones de su primo para hacerse un pandillero. La iniciación para ingresar a dicha pandilla consiste en robar el Ford Gran Torino de Kowalski, acción que falla, tras la intervención del viejo escopeta en mano. De ahí en adelante sus caminos se estrecharán a tal punto que Kowalski dejará de lado la rígidez de ciertos ideales para guiar a Thao en su camino hacía la adultes. Sin embargo la pandilla volverá al ataque, provocando la ira de Kowalski quien le partirá la cara a botazos a un miembro de la pandilla, lo que tendrá como consecuencia el descontrol de los pandilleros que realizarán un acto de violencia extrema (expuesto sutilmente en el film).
Y es el tramo final de la película lo que más me interesa, en este punto es donde Eastwood expone mayor oficio y una capacidad autocrítica notable. Eastwood esboza a Kowalski como una parodia que traiga al film los iconos clásicos interpretados por este: el sargento de hierro, William Muni, el pistolero anónimo de las trilogía del dólar, Harry el sucio, etc. Generando una situación clásica, una aporia, o momento sin salida que en los films clásicos de Eastwood se resuelve gracias a la habilidad para ejercer la violencia de este; no es casualidad que el final de Gran Torino sea casi un calco de los minutos finales de Sin perdón. Y la resuelve de otra forma, fundando un nuevo orden, o nuevo paradigma, que no es nuevo sin embargo la situación lo es. Eastwood retrata a los Estados Unidos de los nuevos tiempos, dominados por la violencia y los inmigrantes y se sacrifica para parar esa violencia, para agotarla y consumirla, como si críticara su propia imagen icónica réplicando el gesto de John Ford metiendo en un ataúd a John Wayne.Sin embargo el sacrificio no es tan sólo fundacional, sino que también es una inversión y una crítica porque Eastwood vuelve a los motivos de Flags of our fathers, donde decontruyo el heroísmo bélico carácteristico de la identidad estadounidense: Kowalski es un veterano de corea y se ve rodeado de orientales (hmongs, pueblo asiátuco sin país que apoyo a EE.UU en la guerra de vietnam) y se sacrifica por ellos invierto la lógica constituyente de dicha identidad; los triunfos bélicos y el poder armamentista han sido clave en la consagración de EE.UU, Kowalski se sacrifica inviertiendo esa relación, porque agota la violencia, la consume. Dejando de lado la solución de reestablecer el orden a escopetazo limpio.
No tan solo el cine comercial saquea el mundo del comic en busca de ideas rentables, sino que también el noveno arte mira al septimo sin pudor. Hace unos pocos años el mundo del comic viene sacandole provecho al fénomeno de la zombiexplotation; que no es otra cosa sino la creación en serie de comics sobre zombies, esto ha dado resultados tan dispares como Los muertos vivientes (The walking dead) serie escrita por Robert Kirkman, que cuenta con el talento de Tony Moore y Charlie Adlard en los lapices, y cuya motivación es auscultar que sucede con los sobrevivientes de las peliculas de George A. Romero (otro santo patrono de este blog) cuando el metraje llega a su fin: premisa interesante que tiene como protagonista a un joven policia de Kentucky, quien tras sufrir un leve accidente despierta en medio del apocalipsis zombie, en riguroso blanco y negro el equipo Moore - Adlard - Kirkman han llevado la serie a niveles de alta calidad, transfomando a Los muertos vivientes, tanto para los fans de los zombies como para cualquier interesado en el noveno arte, en un imperdible. Su contracara seria Marvel Zombies serie donde los personajes de la casa de las ideas se han transformado en zombies, en fin la premisa es absurda y predecible, lo interesante es que detrás de dicho bodriete esta también Robert Kirkman y el talentoso Sean Phillips (Incognito, Sleeper).
Ahora bien, la obra en cuestion en este momento es parte del fénomeno del zombiexplotation y si bien no tiene la seriedad de Los muertos vivientes, brilla con luces propias y su (excelente) título es XXXOMBIE. Como su este lo indica es un coctel explosivo entre muertos vivientes y cine porno, eso sí ambientado en los años 70" (harto brillo y pata de elefante). El asunto comienza cuando Wong Hung Lu reune a un ramillete de actores porno, y un par de debutantes en el negocio: Scott y Jenny, para rodar una peli un fin de semana completo, y así poder saldar una deuda con la mafia. Mientras el equipo completo esta encerrado sudando la gota gorda se desata una plaga que comienza a convertir a todos los habitantes de Hollywood en zombies, iniciandose la desternillante carrera por la sobrevivencia. Si aún les falta argumento, cabe destacar que no solo los zombies serán el único peligro a enfrentar; un camionero en busca de Jenny la debutante, dispuesto a reventarle el craneo a todo lo que se mueva ya sea un vivo - vivo o un muerto - vivo, más el grupo de mafiosos tras Wong Hung Lu terminan de configurar una obra en la que los sobrevivientes no se encierran, como es el motivo clásico, para resguardarse sino que se lanzan a través de la ciudad, por lo que la cosa agarra tintes de road movie, y veremos a una monja tras un polvo antes del juicio final, un endemoniado hospital o bien a nuestros entrañables personajes decididos a despacharse su última juerga. XXXOMBIE es una desquiciada mezcla de porno, gore, zombies y violencia mezclados con el más corrosivo humor negro que no dejará indiferente a nadie. Además sus creadores; Rick Remender en los guiones y Tony Moore (again) en conjunto con Kieron Dwyer en el arte explotan elementos iconograficos de la época; hay esta Kurt Russel como un camionero asesino y Marlon Brando como un padrino loco armado hasta los dientes.
Buscando alguna viñeta interesante por ahí, me encuentro en entrecomics con este delirante enfrentamiento entre un par de delesnables: Stalin v/s Hitler. De la mano de Alexey Lipatov. Si alguien quiere saber como termina la batalla clickee aquí.
Todo sujeto abusado guarda potencialmente un ansía de revancha, un psicópata, un deseo de abusar; un instante de poder. Todo el mundo o un 99,9999% ha sido abusado alguna vez, mamándose las ganas de chistar, aguantando el vómito de la ira: ¡chuuuuuuun, pah entro! Si buscáramos un rango, una característica; esencial, intrínseca, básica, del siglo XX y comienzos del siglo que transcurre, sería sin lugar a dudas: la violencia. Somos sujetos dilacerados material y psicológicamente y ya, hasta este punto, donde no sabemos qué diablos hacer, sólo nos queda esperar: esperar a que entre en nosotros además de golpes sin sentido (sustentados en la lógica), la brutalidad reveladora del amor. Ese amor que pide permiso para entrar, sabiendo que nunca será bien recibido del todo, porque el amor nunca es únicamente felicidad y dulzura, sino también violencia, desgarro y, por sobretodo, conciencia de muerte. Con la aparición de Twilight, una novelita de la escritora Sthepenie Meyer, y su adaptación al cine dirigida por Catherine Hardwicke, la figura del vampiro vuelve a estar más patente y desconfigurada que nunca. En ambas obras se nos representan vampiros mamones, que no son capaces de tocar a una mujer (u hombre) por miedo a morderla, que tienen una familia modelo (padre, madre, hermanos, todos felices), ABC1, que se enamoran y desean casarse (hasta este punto ya estoy vomitando), que sólo comen animales producto de sus conflictos morales con lo que es su naturaleza y un tremendo etcétera de conservadurismo e idealismo. Está estética apolínea de la figura del vampiro, cegada en la belleza superficial de éste, no repara en que la perfección del vampiro radica en que en éste confluyen la vida y la muerte: para que viva es necesario que mate, para que ame es necesario que el ser amado también mate. Pero hay una obra que sí configura todo esto, mejor dicho, dos obras: la novela Déjame entrar de John Ajvide Lindqvist y, su adaptación a la pantalla grande, dirigida por Tomas Alfredson. En este caso me haré cargo de la cinta de Tomas Alfredson, que contó con el trabajo de John Ajvide Lindqvist como guionista. Déjame entrar o Låt den rätte komma in narra la relación personal, íntima, de Oskar (Kare Hedebrant), tanto con su interior como con el medio en que le tocó vivir. Narración enmarcada en la nieve, en un pequeño pueblo sueco donde el frío, la oscuridad y la soledad dominan, características que se mimetizan con los pequeños protagonistas. Abusado por sus pares, no escuchado por los adultos (padre, profesores), Oskar se dedica a leer y coleccionar cualquier texto relacionado con crímenes, jugando, de vez en cuando, a imaginar que mata a alguien sin piedad, abusivo, agresivo, enfermizo, “¡Grita, grita como un cerdo!” Pide a sus víctimas imaginarías. Hasta ese momento de su vida (doce años, no estoy seguro) Oskar es un niño reprimido, neurótico: soñando con manejar, prodigar, poder y violencia, pero recibiendo sólo golpes de éstas. Hasta ese momento, en que conoce en el patio de su departamento, mientras apuñala a un sujeto imaginado en un árbol, a Eli (Lina Leandersson), la nueva vecina que acaba de llegar con quien, aparentemente, podría ser su padre. De inmediato se entabla una (ilusoria, tal vez) relación de amistad entre los dos pequeños, amistad que nace con la advertencia de la imposibilidad de ésta: “No puedo ser tu amiga”, le dice Eli a Oskar en su primer encuentro. A partir de ahí, con un ritmo poético, se nos narra la relación de los pequeños: sus acercamientos, sus contactos, sus distancias, sus violencias, sus dulzuras, sus pasiones, sus erotismos, sus sangres, sus inocencias, sus iras, sus fantasías, sus soledades. Para algunos, puede que la película sea considerada como lenta, pero sería no comprender la composición de la película; muy bien visualizada por Alfredson, que sabe que narra una poesía muy atenta a cada detalle: lo estático tiene movimiento, el abrazo tiene distancia, la vida tiene muerte. Dos aspectos fundamentales del amor en la película: 1) La soledad de Oskar es el fundamento del enamoramiento de éste por Eli. Podemos afirmar que, la película, plantea como fundamento del amor a la soledad; sólo en la soledad el cubo Rubik tiene sentido de ordenamiento. 2) La distancia siempre es una constante en la película, hija de la soledad y, sentido contradictorio del amor, a cada momento, se nos está presentando la distancia en la película, de allí que, la ventana y más específicamente, el vidrio, está presente en constantes escenas. Estos son los elementos que están siempre en movimiento en la película y que, en alguna medida, configuran ésta. De allí también que Eli, como sabremos a los pocos minutos, deba ser un vampiro. El vampiro siempre ha mantenido un carácter de engaño, una contradicción: es bello, es perfecto, un seductor irresistible, fino, leve, pero debajo de aquella superficialidad está la ira, la violencia, el deseo por la sangre y la muerte del otro, deseo prístino, vital, que clama la vida del otro para vivir. El primitismo del vampiro, en este caso de Eli, viene como una fuerza igualitaria y opuesta; una llave, dispuesta a abrir y liberar a Oskar de su neurosis: “puedes golpear para defenderte, puedes matar, puedes violentar”. Eli: la llave del amor, pide permiso para entrar en Oskar, porque al entrar en él despertará los dolores, los desgarros, las alegrías y dulzuras del amor, también porque lo necesita y lo reconoce como un igual. Contradicción: santa y para nada contradictoria. El vampiro es como el humano y el humano como el vampiro, ambos pueden ser dulces y brutales, como Oskar y Eli, que al final, juntos, se defienden en el amor, matando a sujetos agresivos, que los violentan, aceptando a la vez un futuro donde lo único seguro es la muerte. Final feliz o trágico, el director piensa que es feliz, yo también apuesto por lo mismo, aunque no deja de parecerme atractiva una lectura de la película donde Eli sea una puta cabrona que maneja todos lo hilos del relato, abusando y determinando al pobre Oskar, allí, sin duda, sería un final menos feliz.